Suele confiar más en las fotos que en las palabras, no porque las fotos no puedan mentir, sino porque, en cuanto salen del cuarto oscuro, quedan fijadas, inmutables. Mientras que los relatos parecen cambiar de forma todo el tiempo.
La cámara, con su poder de absorber luz y convertirla en sustancia, siempre le ha parecido un artefacto más metafísico que mecánico. Su primer trabajo de verdad fue como técnico de cuarto oscuro; y su mayor placer siempre lo obtuvo trabajando en el cuarto oscuro. Cuando la imagen fantasmal aparecía bajo la superficie del líquido, cuando las vetas de oscuridad del papel empezaban a entretejerse y a hacerse visibles, él experimentaba a veces un pequeño temblor de éxtasis, como si estuviera presente en el día de la Creación.
Hombre lento, J.M. Coetzee.
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