Archivos de la categoría ‘libros’
Marzo 1, 2008
Con el tiempo, nuestras prendas se parecen cada vez más a nosotros y revelan el caracter de su usuario, hasta el punto de que vacilamos en deshacernos de ellas, lo que al fin hacemos no sin resistencia y con la misma solemnidad y aparato que acompañaría el renunciar a nuestro propio cuerpo. Ningún hombre ha merecido merma alguna en mi estimación por llevar un remiendo; y, sin embargo, estoy seguro de que por lo común es mayor la ansiedad que causa el deseo de disponer de vestidos a la moda, o por lo menos limpios y sin parches, que de tener una conciencia cabal. Pero, aun si el roto no es zurcido, peor sea quizás el vicio de la imprevisión. Algunas veces he puesto a prueba a algunos de mis conocidos con preguntas como ésta: “¿Quién de vosotros podría llevar un remiendo sobre la rodilla o hasta un par de costuras de más?”. La mayoría han reaccionado como si en tal evento les fuera poco menos que el destino. Les sería mucho más fácil renquear por la villa con una pierna quebrada que con un pantalón roto. Y con frecuencia se da el caso de que si a las piernas de un caballero les sobreviene un percance, éste sea susceptible de arreglo; pero si tal ocurriere con las perneras de su pantalón, no hay remedio ¡pues el hombre acepta no lo que es verdaderamente respetable sino lo respetado! Y así es como conocemos sólo unos pocos hombres, y una gran cantidad de chaquetas y calzones.
Walden, Henry David Thoreau
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Febrero 5, 2008
El sol brilla, el cielo es de un azul intenso, el viento es agradable, y yo tengo unas ganas locas - unas ganas locas - de todo… De charlar, de libertad, de amigos, de soledad. Tengo unas ganas locas… de llorar. Querría estallar. Las lágrimas me apaciguarían, lo sé, pero soy incapaz de llorar. No me quedo quieta, voy de una habitación a otra, me detengo para respirar a través de la rendija de una ventana cerrada, y mi corazón late como si dijera: “Pero vamos, satisface de una vez mi deseo…”. Creo sentir en mí la primavera, el despertar de la primavera; lo siento en mi cuerpo y en mi alma. Me cuesta lo indecible portarme como de costumbre, tengo la cabeza enmarañada, no sé qué leer, qué escribir, qué hacer. Sólo sé que me invade una gran ansiedad.
Diario, Ana Frank.
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Enero 12, 2008
El sofisma que me perdió es el mismo de la generalidad de los hombres que se lamentan de carecer de energía cuando ya no es tiempo de necesitarla. Si la virtud nos cuesta trabajo, es por culpa nuestra, y si quisiésemos ser siempre buenos, rara vez tendríamos necesidad de ser juiciosos; pero nos dejamos llevar por inclinaciones fácilmente combatibles, cedemos a pequeñas tentaciones cuyo peligro despreciamos, e insensiblemente llegamos a encontrarnos en situaciones peligrosas que hubiéramos podido evitar muy fácilmente y de que luego no podemos escapar sino por medio de heroicos esfuerzos que nos espantan. Y caemos, al fin, en el precipicio clamando a Dios: “¿Por qué me hiciste tan débil?” Pero, a pesar nuestro, responde su voz en nuestras conciencias: “Te he hecho harto débil para salir del abismo, porque te he hecho bastante fuerte para no caer en él”.
Confesiones, Jean-Jacques Rousseau
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Noviembre 15, 2007
Todo el mundo conoce la anécdota del mariscal de Turenne, conocido por su valor. Antes de entrar en combate, sintiendo que temblaba de miedo, se dijo: “¿Tiemblas, cuerpo mío? Pues más temblarías si supieras dónde te voy a meter.”
Valiente no es el que no siente miedo - ese es el impávido, el insensible -, sino el que no le hace caso, el que es capaz de cabalgar sobre el tigre. “Courage is grace under pressure“, dijo Hemingway.
Anatomía del miedo. Un tratado sobre la valentía, Jose Antonio Marina.
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Noviembre 9, 2007
Vosotros sabéis que odio, detesto, me resulta imposible la mentira, no porque sea más recto que los demás, sino porque sencillamente me espanta. Hay un tinte de muerte, un sabor de mortalidad en la mentira que es exactamente lo que más odio y detesto en el mundo, lo que quiero olvidar. Me hace sentir desgraciado y enfermo, como la mordedura de algo corrupto. Es cuestión de temperamento, me imagino.
El corazón de las tinieblas, Joseph Conrad.
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Noviembre 2, 2007
Todos soñamos, y procedemos más o menos de acuerdo con nuestros sueños. Algunos sueñan un poco más que los otros, así como en cada familia hay un niño que sueña más y quizá uno que sueña menos. Y debo confesar un secreto cariño por el que sueña. Generalmente es el más triste, pero no importa: también es capaz de tener mayores alegrías, y emociones, y alturas de éxtasis. [...] Y esos sueños de nuestra niñez no son tan irreales como podríamos pensar. En cierto modo permanecen con nosotros durante toda la vida. [...]
Y así, en el patio, o en la buhardilla, o en el granero, o tendido junto al arroyo, un niño sueña siempre, y los sueños son reales. Así soñó Thomas Edison. Así soñó Robert Louis Stevenson. Así soñó Sir Walter Scott. Los tres soñaron en su niñez. Y del material de esos sueños mágicos tejieron algunas de las telas más finas y más hermosas que jamás hemos visto.
La importancia de vivir, Lin Yutang.
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Octubre 15, 2007

El contrabajista de la media noche, óleo sobre papel, por Redsnap.
“El hombre tiene una gran capacidad para hablar, pero no dice más que vanidades y mentiras; los animales, por el contrario, tienen poca capacidad, pero útil y verdadera, y una pequeña verdad es mejor que una gran mentira.”
Cuadernos de notas, Leonardo da Vinci.
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Octubre 10, 2007
Cómo voy a creer / dijo el fulano
que el mundo se quedó sin utopías
como voy a creer
que la esperanza es un olvido
o que el placer una tristeza
cómo voy a creer / dijo el fulano
que el universo es una ruina
aunque lo sea
o que la muerte es el silencio
aunque lo sea
cómo voy a creer
que el horizonte es la frontera
que el mar es nadie
que la noche es nada
cómo voy a creer / dijo el fulano
que tu cuerpo / mengana
no es algo más que lo que palpo
o que tu amor
ese remoto amor que me destinas
no es el desnudo de tus ojos
la parsimonia de tus manos
cómo voy a creer / mengana austral
que sos tan solo lo que miro
acaricio o penetro
cómo voy a creer / dijo el fulano
que la utopía ya no existe
si vos / mengana dulce
osada / eterna
si vos / sos mi utopía.
El amor, las mujeres y la vida, Mario Benedetti.
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Octubre 10, 2007
Pasando las vacaciones en moto, se ven cosas de un modo que es totalmente distinto de cualquier otro. En un coche se está siempre en un compartimento, y como estamos acostumbrados a ello no nos damos cuenta de que todo lo que vemos a través de esa ventanilla de coche es tan solo más televisión. Somos observadores pasivos y todo se mueve, monótonamente, junto a nosotros dentro de un marco.
En una moto, el marco desaparece. Uno está completamente en contacto con todo. Estamos en el escenario, y no sólo contemplándolo, y la sensación de presencia es abrumadora. Ese hormigón que discurre a unos centímetros por debajo de nuestros pies es lo real, el mismo material sobre el que caminamos, está ahí, tan borroso que es imposible enfocar la vista en él, y sin embargo podemos bajar el pie y tocarlo en cualquier momento, y todo esto, toda esta experiencia, nunca se aleja de una consciencia inmediata.
Zen y el arte del mantenimiento de la motocicleta, Robert M. Pirsig
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