Archivos de la categoría ‘vida’

la posibilidad

Mayo 8, 2008

Al observarla aprendí algo, cuando no aceptas un no por respuesta, sigue existiendo la posibilidad de obtener lo que quieres.

2046, Wong Kar-Wai

la ropa

Marzo 1, 2008

Con el tiempo, nuestras prendas se parecen cada vez más a nosotros y revelan el caracter de su usuario, hasta el punto de que vacilamos en deshacernos de ellas, lo que al fin hacemos no sin resistencia y con la misma solemnidad y aparato que acompañaría el renunciar a nuestro propio cuerpo. Ningún hombre ha merecido merma alguna en mi estimación por llevar un remiendo; y, sin embargo, estoy seguro de que por lo común es mayor la ansiedad que causa el deseo de disponer de vestidos a la moda, o por lo menos limpios y sin parches, que de tener una conciencia cabal. Pero, aun si el roto no es zurcido, peor sea quizás el vicio de la imprevisión. Algunas veces he puesto a prueba a algunos de mis conocidos con preguntas como ésta: “¿Quién de vosotros podría llevar un remiendo sobre la rodilla o hasta un par de costuras de más?”. La mayoría han reaccionado como si en tal evento les fuera poco menos que el destino. Les sería mucho más fácil renquear por la villa con una pierna quebrada que con un pantalón roto. Y con frecuencia se da el caso de que si a las piernas de un caballero les sobreviene un percance, éste sea susceptible de arreglo; pero si tal ocurriere con las perneras de su pantalón, no hay remedio ¡pues el hombre acepta no lo que es verdaderamente respetable sino lo respetado! Y así es como conocemos sólo unos pocos hombres, y una gran cantidad de chaquetas y calzones.

Walden, Henry David Thoreau

el espíritu del hombre

Febrero 27, 2008

El espíritu del hombre se alimenta de nuevas experiencias. Y usted no hace nada.

Into the wild, Sean Penn, 2007

la ansiedad

Febrero 5, 2008

El sol brilla, el cielo es de un azul intenso, el viento es agradable, y yo tengo unas ganas locas - unas ganas locas - de todo… De charlar, de libertad, de amigos, de soledad. Tengo unas ganas locas… de llorar. Querría estallar. Las lágrimas me apaciguarían, lo sé, pero soy incapaz de llorar. No me quedo quieta, voy de una habitación a otra, me detengo para respirar a través de la rendija de una ventana cerrada, y mi corazón late como si dijera: “Pero vamos, satisface de una vez mi deseo…”. Creo sentir en mí la primavera, el despertar de la primavera; lo siento en mi cuerpo y en mi alma. Me cuesta lo indecible portarme como de costumbre, tengo la cabeza enmarañada, no sé qué leer, qué escribir, qué hacer. Sólo sé que me invade una gran ansiedad.

Diario, Ana Frank.

la debilidad

Enero 12, 2008

El sofisma que me perdió es el mismo de la generalidad de los hombres que se lamentan de carecer de energía cuando ya no es tiempo de necesitarla. Si la virtud nos cuesta trabajo, es por culpa nuestra, y si quisiésemos ser siempre buenos, rara vez tendríamos necesidad de ser juiciosos; pero nos dejamos llevar por inclinaciones fácilmente combatibles, cedemos a pequeñas tentaciones cuyo peligro despreciamos, e insensiblemente llegamos a encontrarnos en situaciones peligrosas que hubiéramos podido evitar muy fácilmente y de que luego no podemos escapar sino por medio de heroicos esfuerzos que nos espantan. Y caemos, al fin, en el precipicio clamando a Dios: “¿Por qué me hiciste tan débil?” Pero, a pesar nuestro, responde su voz en nuestras conciencias: “Te he hecho harto débil para salir del abismo, porque te he hecho bastante fuerte para no caer en él”.

Confesiones, Jean-Jacques Rousseau

la felicidad

Diciembre 23, 2007

Cuando llueve y reviso mis papeles, y acabo
tirando todo al fuego: poemas incompletos,
pagarés no pagados, cartas de amigos muertos,
fotografías, besos guardados en un libro,
renuncio al peso muerto de mi terco pasado,
soy fúlgido, engrandezco justo en cuanto me niego,
y así atizo las llamas, y salto la fogata,
y apenas si comprendo lo que al hacerlo siento,
¿no es la felicidad lo que me exalta?

Cuando salgo a la calle silbando alegremente
—el pitillo en los labios, el alma disponible—
y les hablo a los niños o me voy con las nubes,
mayo apunta y la brisa lo va todo ensanchando,
las muchachas estrenan sus escotes, sus brazos
desnudos y morenos, sus ojos asombrados,
y ríen ni ellas saben por qué sobreabundando,
salpican la alegría que así tiembla reciente,
¿no es la felicidad lo que se siente?

Cuando llega un amigo, la casa está vacía,
pero mi amada saca jamón, anchoas, queso,
aceitunas, percebes, dos botellas de blanco,
y yo asisto al milagro —sé que todo es fiado—,
y no quiero pensar si podremos pagarlo;
y cuando sin medida bebemos y charlamos,
y el amigo es dichoso, cree que somos dichosos,
y lo somos quizá burlando así la muerte,
¿no es la felicidad lo que trasciende?

Cuando me he despertado, permanezco tendido
con el balcón abierto. Y amanece: las aves
trinan su algarabía pagana lindamente:
y debo levantarme pero no me levanto;
y veo, boca arriba, reflejada en el techo
la ondulación del mar y el iris de su nácar,
y sigo allí tendido, y nada importa nada,
¿no aniquilo así el tiempo? ¿No me salvo del miedo?
¿No es la felicidad lo que amanece?

Cuando voy al mercado, miro los abridores
y, apretando los dientes, las redondas cerezas,
los higos rezumantes, las ciruelas caídas
del árbol de la vida, con pecado sin duda
pues que tanto me tientan. Y pregunto su precio,
regateo, consigo por fin una rebaja,
mas terminado el juego, pago el doble y es poco,
y abre la vendedora sus ojos asombrados,
¿no es la felicidad lo que allí brota?

Cuando puedo decir: el día ha terminado.
Y con el día digo su trajín, su comercio,
la busca del dinero, la lucha de los muertos.
Y cuando así cansado, manchado, llego a casa,
me siento en la penumbra y enchufo el tocadiscos,
y acuden Kachaturian, o Mozart, o Vivaldi,
y la música reina, vuelvo a sentirme limpio,
sencillamente limpio y pese a todo, indemne,
¿no es la felicidad lo que me envuelve?

Cuando tras dar mil vueltas a mis preocupaciones,
me acuerdo de un amigo, voy a verle, me dice:
«Estaba justamente pensando en ir a verte».
Y hablamos largamente, no de mis sinsabores,
pues él, aunque quisiera, no podría ayudarme,
sino de cómo van las cosas en Jordania,
de un libro de Neruda, de su sastre, del viento,
y al marcharme me siento consolado y tranquilo,
¿no es la felicidad lo que me vence?

Abrir nuestras ventanas; sentir el aire nuevo;
pasar por un camino que huele a madreselvas;
beber con un amigo; charlar o bien callarse;
sentir que el sentimiento de los otros es nuestro;
mirarme en unos ojos que nos miran sin mancha,
¿no es esto ser feliz pese a la muerte?
Vencido y traicionado, ver casi con cinismo
que no pueden quitarme nada más y que aún vivo,
¿no es la felicidad que no se vende?

Momentos felices, Gabriel Celaya

la valentía

Noviembre 15, 2007

Todo el mundo conoce la anécdota del mariscal de Turenne, conocido por su valor. Antes de entrar en combate, sintiendo que temblaba de miedo, se dijo: “¿Tiemblas, cuerpo mío? Pues más temblarías si supieras dónde te voy a meter.”

Valiente no es el que no siente miedo - ese es el impávido, el insensible -, sino el que no le hace caso, el que es capaz de cabalgar sobre el tigre. “Courage is grace under pressure“, dijo Hemingway.

Anatomía del miedo. Un tratado sobre la valentía, Jose Antonio Marina.

thunder road

Noviembre 11, 2007

Lin Yutang, al que hace unos días dediqué una entrada, decía algo que comparto plenamente: “Quiero algunos buenos amigos que sean tan familiares como la vida misma; amigos con los que no haya necesidad de ser cortés y que me cuenten todas sus dificultades, las matrimoniales y las demás; amigos capaces de citar a Aristóteles y de contar cuentos subidos de color; amigos que sean espiritualmente ricos y que puedan hablar de obscenidades y de filosofía con el mismo candor; amigos que tengan aficiones y opiniones definidas sobre las cosas, que tengan sus creencias y respeten las mías.”
A todo esto yo añadiría, amigos que me hagan descubrir a bandas como Tortoise, a cantantes como Will Oldham, temas como Thunder Road.

Llevo días escuchando Thunder Road. No el tema original del album Born to run, que en 1975 consagró definitivamente a Bruce Springsteen como una leyenda del rock, y que a pesar de estar considerado como una de las mejores canciones de la historia del rock (apareció el número 86 en la lista de las mejores 500 canciones de todos los tiempos de la revista Rolling Stones), a mí nunca me había llamado la atención.

Lo que escucho estos días es una versión de esta canción, que aparece en The Brave and the Bold, un disco de versiones en el que la voz rasgada del enigmático Will Oldham se mezcla con el sonido único de una banda como Tortoise. El resultado: pura alquimia sonora. Del tema original de Springsteen sólo queda la letra, una letra preciosa, a la que esta traducción no hace justicia.

La puerta con rejilla se cierra de golpe
El vestido de Mary ondula
Como una visión, baila en el portal
Mientras suena la radio
Roy Orbison está cantando para los solitarios
Hey, ése soy yo y te quiero sólo a ti
No me hagas volver a casa
No tengo valor para estar solo
No corras adentro
Cariño, ya sabes para qué estoy aquí
Así que estás asustada y piensas
Que quizá ya no seamos tan jóvenes
Muestra un poco de fe, hay magia en la noche
No eres una belleza, pero, oye, no estás nada mal
Oh y para mí está bien

Puedes esconderte debajo de las mantas y estudiar tu dolor
Hacer cruces de tus amantes, tirar rosas bajo la lluvia
Pasar el verano rezando en vano
Para que un salvador aparezca en las calles
Bueno, yo sé que no soy un héroe, eso está claro
La única redención que puedo ofrecerte, chica
Está debajo de este sucio capó
Con una posibilidad de que salga bien
Oye, ¿qué más podemos hacer?
Excepto bajar el cristal
Y dejar que el viento lleve hacia atrás tu pelo
Bien, la noche irrumpe con fuerza
Estos dos carriles nos llevarán a alguna parte
Tenemos una última oportunidad de hacerlo realidad
Cambiar esas alas por unas ruedas
Sube atrás
El cielo nos espera en el camino
Oh oh, venga, coge mi mano
Esta noche la tierra prometida será nuestra
Oh Carretera del Trueno
Oh Carretera del Trueno
Oh Carretera del Trueno
Estirada ahí fuera como un asesino al sol
Oye, sé que es tarde, pero podemos llegar si corremos
Oh Carretera del Trueno
Agárrate fuerte, Carretera del Trueno

Bien, tengo esta guitarra
Y aprendí a hacerla hablar y mi coche está ahí atrás
Si estás preparada para hacer ese largo camino
Desde tu portal hasta mi asiento delantero
La puerta está abierta, pero el viaje no es gratis y sé que anhelas oír
Las palabras que no he dicho
Pero esta noche seremos libres
Se romperán todas las promesas
Había fantasmas en los ojos
De todos los muchachos que rechazaste
Rondan esta polvorienta carretera de la playa
En los esqueletos de Chevrolets quemados
Por la noche gritan tu nombre en la calle
Tu túnica de graduación yace en harapos a sus pies
Y en el frescor solitario antes del amanecer
Oyes rugir sus motores
Pero cuando llegas al portal ya se han ido con el viento
Así, pues, sube, Mary
Esta es una ciudad llena de perdedores
Y yo me voy de aquí para vencer

la mentira

Noviembre 9, 2007

Vosotros sabéis que odio, detesto, me resulta imposible la mentira, no porque sea más recto que los demás, sino porque sencillamente me espanta. Hay un tinte de muerte, un sabor de mortalidad en la mentira que es exactamente lo que más odio y detesto en el mundo, lo que quiero olvidar. Me hace sentir desgraciado y enfermo, como la mordedura de algo corrupto. Es cuestión de temperamento, me imagino.

El corazón de las tinieblas, Joseph Conrad.

los sueños

Noviembre 2, 2007

Todos soñamos, y procedemos más o menos de acuerdo con nuestros sueños. Algunos sueñan un poco más que los otros, así como en cada familia hay un niño que sueña más y quizá uno que sueña menos. Y debo confesar un secreto cariño por el que sueña. Generalmente es el más triste, pero no importa: también es capaz de tener mayores alegrías, y emociones, y alturas de éxtasis. [...] Y esos sueños de nuestra niñez no son tan irreales como podríamos pensar. En cierto modo permanecen con nosotros durante toda la vida. [...]

Y así, en el patio, o en la buhardilla, o en el granero, o tendido junto al arroyo, un niño sueña siempre, y los sueños son reales. Así soñó Thomas Edison. Así soñó Robert Louis Stevenson. Así soñó Sir Walter Scott. Los tres soñaron en su niñez. Y del material de esos sueños mágicos tejieron algunas de las telas más finas y más hermosas que jamás hemos visto.

La importancia de vivir, Lin Yutang.