Archive for the ‘Uncategorized’ Category

no te rindas

marzo 5, 2010

No te rindas, aún estás a tiempo
De alcanzar y comenzar de nuevo,
Aceptar tus sombras,
Enterrar tus miedos,
Liberar el lastre,
Retomar el vuelo.

No te rindas que la vida es eso,
Continuar el viaje,
Perseguir tus sueños,
Destrabar el tiempo,
Correr los escombros,
Y destapar el cielo.

No te rindas, por favor no cedas,
Aunque el frío queme,
Aunque el miedo muerda,
Aunque el sol se esconda,
Y se calle el viento,
Aún hay fuego en tu alma
Aún hay vida en tus sueños.

Porque la vida es tuya y tuyo también el deseo
Porque lo has querido y porque te quiero
Porque existe el vino y el amor, es cierto.
Porque no hay heridas que no cure el tiempo.

Abrir las puertas,
Quitar los cerrojos,
Abandonar las murallas que te protegieron,
Vivir la vida y aceptar el reto,
Recuperar la risa,
Ensayar un canto,
Bajar la guardia y extender las manos
Desplegar las alas
E intentar de nuevo,
Celebrar la vida y retomar los cielos.

No te rindas, por favor no cedas,
Aunque el frío queme,
Aunque el miedo muerda,
Aunque el sol se ponga y se calle el viento,
Aún hay fuego en tu alma,
Aún hay vida en tus sueños
Porque cada día es un comienzo nuevo,
Porque esta es la hora y el mejor momento.
Porque no estás solo, porque yo te quiero.

No te rindas, Mario Benedetti

el dedo en la llaga

marzo 5, 2009

Pero una mañana fui a ver a mi abuela y volví a ser golpeado y humillado, por no hacer ni intentar lo que como fotógrafo me exigía.
Mi abuela, una delgada y fotogénica mujer a la que veía de Pascuas a Ramos, fumaba con su habitual elegancia, recostada en un sillón, el cigarro de después de desayunar.
Frente a ella yo sudaba frío… ¡Enfermaba!
No era para menos. La mejor foto, el retrato que nunca, ni aún queriéndolo, hubiese podido hacer de mi abuela, estaba al alcance de mi mano. Todo encajaba: la luz, el decorado… y su bata de raso rosa, que sin que ella se apercibiese se había abierto, y uno de sus pechos colgaba fuera.
Y allí estaba yo, teniendo la certeza de que si no tomaba la foto en segundos, esa imagen única desaparecería para siempre, se volatilizaría en la nada.
Debía ser rápido, armarme de valor.
¡Tendría premio seguro!
Pero la puta cámara reposaba silenciosa en una silla a mi lado, avergonzada de tener por compañero a un cobarde que no hacía otra cosa que gritarse en silencio:
“¡Hazle la foto! ¡Hazle la foto!”.
No fui capaz.
Cerré los ojos sólo un momento y al abrirlos ya no hubo tiempo.
Mi abuela se miró, y al descubrir el desaguisado, se tapó rápidamente y se fijó en mí… que disimulaba mirando hacia otro lado.
Pensé en abandonar.
Me sentí como el cazador herido por su propia arma.
Descubrí que la fotografía, al ser espejo de mi cobardía, podía ser un arma cruel vuelta contra mí mismo.

Moriremos mirando, Alberto García-Alix